domingo, 15 de julio de 2012

Deseos de fin de semana

El fin de semana no ha sido demasiado intenso ni ha pasado nada fuera de lo común, aunque quizás pase más adelante… Bueno, la verdad es que no creo, porque lo más probable es que me haya montado una película en mi cabeza yo solita pero quién sabe. Os cuento…

El sábado por la noche ya teníamos pensado ir a cenar y a tomar algo a alguna terraza. Dejamos a Itziar-nuestra hija- con mi madre -su abuela- y nos daríamos una vuelta. Imagino que como todas las parejas de nuestra quinta, contamos con varios matrimonios con los que tomar alguna copichuela de vez en cuando. Uno de ellos es el formado por Sara y Manu. Sara es compañera mía en el cole (ella es profesora de educación física, la verdad es que está muy bien) y Manu su marido. Nos vemos muy de vez en cuando, así que tampoco somos íntimos ni nada parecido…

Durante la cena todo transcurrió con normalidad: que si un poco de trabajo por aquí, que si fútbol por allá (como somos campeones de Europa otra vez), que si nos cambiamos a un sitio más animado… Y es cuando empezó todo (o al menos yo lo vi así). Fuimos a uno de los locales de moda de los ‘papis’ jóvenes y con el primer ‘gin tonic’ comencé a notar cómo Manu (que estaba enfrente de mí), me miraba de forma extraña, lasciva, con deseo. Vamos, creo que quería comerme.

Manu es alto, rubio, sin mucho vello en su cuerpo (es uno de esos metrosexuales), trabaja en un gimnasio y es más bien tímido. Después de muchas miradas hacia mi boca, hacia mi escote, hacia mis muslos, dio la casualidad de que nos quedamos solos, ya que nuestras respectivas parejas habían ido al baño. No sé si era yo, pero la tensión sexual se respiraba, casi se podía tocar. La verdad es que no hablamos mucho, estábamos nerviosos. Él me pidió fuego y al ir a ofrecerle el encendedor, nuestras manos se rozaron. Os juro que saltó electricidad. Después me fui a mi casa y me acosté con mi marido, como tooooodos los días.

No hay comentarios:

Publicar un comentario