domingo, 22 de julio de 2012

Un domingo cualquiera

Escribo esta crónica poco tiempo después de que haya sucedido. Todo ha sido muy rápido e intenso. Estábamos en la piscina de casa (mi marido, mi hija y yo) y se acercaba la hora de comer. Podéis llamarnos horteras o típicos, pero los domingos solemos comer paella que encargamos de fuera. Bueno, el caso es que mi marido quería ver la carrera de Fórmula 1 y se ha subido con Itziar a casa. A mí esto de los coches me aburre un poco, así que me he quedado un poco más.

Los que estéis en el centro de la península sabréis que en estos días el calor está arremetiendo con fuerza. Así que me he dado un último chapuzón antes de comer. En ese momento no había mucha gente dentro del agua y tampoco fuera de ella. Me he fijado en el césped, donde un joven (tendría unos 25 años) estaba haciendo abdominales y flexiones. Creo que es el sobrino de unos vecinos o algo así. Qué más da.

Yo estaba ya metida en el agua, con medio cuerpo apoyado en un bordillo. Aparentaba estar relajada, aunque eso no era del todo cierto. Me había colocado justo en la salida de uno de esos chorritos que hay en toda piscina que se precie. Como no había casi nadie, podía estar dándome placer de cintura por abajo y fingir normalidad en el rostro. Miraba al chico y mientras movía con disimulo mi pelvis, imaginaba cosas. Justo cuando él entraba en la piscina y me regalaba una sonrisa de cortesía, yo estaba llegando al orgasmo.

Ha sido jodidamente espectacular. Después he subido a casa y mi marido estaba muy contento porque Fernando Alonso había ganado la carrera. Hoy hemos corrido todos.

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