Últimamente me gusta que me dominen en la cama. Sé que puede sonar un poco soez y alguno/a os podéis asustar, pero me excita sentirme una cualquiera, que parezca que el hombre me está utilizando. Con mi marido esto no funciona, la verdad. Él es un hombre parco en palabras en cuanto a sexo se refiere y sentirme una sumisa de un tío al que he visto en el baño un millón de veces, pues como que no…
Me encantaría poder hacerlo alguna vez así con un desconocido, que me ate las manos, que me tape la boca. Incluso preferiría no verle el rostro, tan sólo sentir sus embestidas y cumplir sus mandatos como una niña muy buena (o muy mala, según se mire).
Pero mi realidad sigue estando en la ciudad, con la piscina y los sudokus como grandísimas atracciones. La verdad es que no creo que nunca llegue a cumplir ninguno de los deseos que plasmo aquí. Llamadme mojigata, pero todavía tengo que quitarme muchas correas… y algún que otro anillo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario